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CAP√ćTULO II

 

Origen primitivo de las sustancias org√°nicas m√°s simples: los hidrocarburos y sus derivados

 

 En lo fundamental, todos los animales, las plantas y los microbios están constituidos por las denominadas sustancias orgánicas. La vida sin ellas es inexplicable. Por tanto, la primera etapa del origen de la vida tuvo que ser la formación de esas sustancias, el surgimiento del material básico que después habría de servir para la formación de todos los seres vivos.

 

Lo primero que diferencia a las sustancias org√°nicas de todas las dem√°s sustancias de la naturaleza inorg√°nica, es que en su contenido se encuentra el carbono como elemento fundamental. Esto puede verificarse f√°cilmente calentando hasta una alta temperatura diversos materiales de origen animal o vegetal. Todos ellos pueden arder cuando se les calienta donde hay presencia de aire y se carbonizan cuando al calentarlos se impide la penetraci√≥n del aire, mientras que los materiales de la naturaleza inorg√°nica ‚Äďlas piedras, el cristal, los metales, etc.-, jam√°s llegan a carbonizarse, por m√°s que los calentemos.

 

En las sustancias org√°nicas, el carbono se halla combinado con diversos elementos: con el hidr√≥geno y el ox√≠geno (estos dos elementos forman el agua), con el nitr√≥geno (√©ste est√° presente en el aire en grandes cantidades), con el azufre, el f√≥sforo, etc. Las diferentes sustancias org√°nicas no son sino diversas combinaciones de esos elementos, pero en todas ellas se encuentra siempre el carbono como elemento b√°sico. Las sustancias org√°nicas m√°s elementales y simples son los hidrocarburos o composiciones de carbono e hidr√≥geno. El petr√≥leo natural y otros varios productos obtenidos de √©l, como la gasolina, el keroseno, etc., son mezclas de diferentes hidrocarburos. Partiendo de todas estas sustancias, los qu√≠micos consiguen obtener f√°cilmente, por s√≠ntesis, numerosos combinados org√°nicos, a veces muy complicados y en muchas ocasiones id√©nticos a los que podemos tomar directamente los seres vivos, como son los az√ļcares, las grasas, los aceites esenciales, etc. ¬ŅC√≥mo han llegado a formarse primeramente en nuestro planeta las sustancias org√°nicas? Cuando acomet√≠ por vez primera el estudio del problema del origen de la vida ‚Äďde ello hace exactamente 30 a√Īos-, el origen primario de las sustancias org√°nicas me pareci√≥ un problema asaz enigm√°tico y hasta inaprensible al entendimiento y al estudio. Esta opini√≥n era producto de la observaci√≥n directa de la naturaleza, pues observaba que la inmensa mayor√≠a de las sustancias org√°nicas inherentes al mundo de los seres vivos se producen actualmente en la¬† Tierra por efecto de la funci√≥n activa y vital de los organismos. Las plantas verdes atraen y absorben del aire el carbono inorg√°nico en calidad de anh√≠drido carb√≥nico, y sirvi√©ndose de la energ√≠a de la luz forman, a partir de √©l, las sustancias org√°nicas que necesitan. Los animales, los hongos, as√≠ como las bacterias y todos los dem√°s organismos que no poseen color verde, se proveen de las sustancias org√°nicas necesarias nutri√©ndose de animales o vegetales vivos o descomponi√©ndolos una vez muertos. As√≠ vemos c√≥mo todo el mundo actual de los seres vivos se sostiene gracias a los dos hechos an√°logos de fotos√≠ntesis y quimios√≠ntesis que acabamos de explicar. M√°s a√ļn, incluso las sustancias org√°nicas que se hallan en las entra√Īas de la envoltura terrestre, como son la turba, los yacimientos de hulla y de petr√≥leo, etc., todas han surgido, en lo fundamental, por efecto de la actividad de numerosos organismos que en tiempos lejanos vivieron en nuestro planeta y que m√°s tarde quedaron sepultados en la macicez de la corteza terrestre.

Por todo esto, muchos hombres de ciencia de fines del siglo pasado y de principios de √©ste, aseguraban que las sustancias org√°nicas no pueden producirse en la Tierra, en contextos naturales, m√°s que mediante un proceso biogen√©tico, es decir, s√≥lo con la intervenci√≥n de los organismos. Esta opini√≥n, que prevalec√≠a en la ciencia hace 30 a√Īos, obstaculiz√≥ considerablemente la soluci√≥n del problema del origen de la vida. Parec√≠a que hab√≠a formado un c√≠rculo vicioso del que era imposible evadirse. Para abordar el origen de la vida era necesario entender c√≥mo se constitu√≠an las sustancias org√°nicas; pero se daba el caso de que √©stas √ļnicamente pod√≠an ser sintetizadas por organismos vivos.

 

Ahora bien, a esta síntesis sólo es dable llegar si nuestras observaciones no traspasan los límites de nuestro planeta. Si rebasamos esos límites veremos que en diversos cuerpos celestes de nuestro mundo estelar se están creando sustancias orgánicas abiogenéticamente, o sea, en un estado ambiental que excluye toda posibilidad de que allí haya seres orgánicos.

 

El espectroscopio nos permite estudiar la f√≥rmula o composici√≥n qu√≠mica de las atm√≥sferas estelares, y a veces casi con la misma exactitud que si tuvi√©ramos muestras de ellas en nuestro laboratorio. El carbono se manifiesta ya en la atm√≥sfera de las estrellas tipo O, que son las m√°s calientes, y se diferencian de los dem√°s astros por su extraordinario brillo. Incluso en su superficie dichas estrellas contienen una temperatura que fluct√ļa entre los 20.000 y los 28.000 grados. Se comprende, pues, que en esas situaciones no puede prevalecer todav√≠a ninguna combinaci√≥n qu√≠mica. La materia est√° aqu√≠ en forma relativamente simple, como √°tomos libres disgregados, sueltos como peque√Ī√≠simas part√≠culas que forman la atm√≥sfera incandescente de estas estrellas.

 

La atm√≥sfera de las estrellas tipo B, que destellan una luz brillante blanco-azulada y cuya corteza tiene una temperatura de 15.000 a 20.000 grados, tambi√©n incluye vapores incandescentes de carbono. Pero este elemento tampoco alcanza a formar aqu√≠ cuerpos qu√≠micos compuestos, sino que existe en forma at√≥mica, es decir, como min√ļsculas part√≠culas sueltas de materia que se mueven muy r√°pidamente.

 

√önicamente la visi√≥n espectral de las estrellas blancas tipo A, en cuya superficie impera una temperatura de 12.000¬ļ, nos deja ver por vez primera unas franjas tenues, que indican la existencia de hidrocarburos ‚Äďlas primera combinaciones qu√≠micas‚Äď en la atm√≥sfera de esas estrellas. Aqu√≠, por vez primera, los √°tomos de dos elementos (el carbono y el hidr√≥geno) se han combinado y el resultado ha sido un cuerpo m√°s complejo, una mol√©cula qu√≠mica.

 

En las visiones espectrales de las estrellas m√°s fr√≠as, las franjas inherentes a los hidrocarburos se manifiestan¬† m√°s limpias a medida que baja la temperatura y adquieren su m√°xima claridad en las estrellas rojas, en cuya superficie la temperatura es de 4.000¬ļ. Nuestro Sol abarca una situaci√≥n intermedia en ese sistema estelar. Pertenece a las estrellas amarillas de tipo G. Se ha concluido que la temperatura de la atm√≥sfera solar es de 5.800 a 6.400¬ļ. Pero en las capas superiores desciende a 5.000¬ļ, y en las m√°s profundas al alcance a√ļn de nuestras investigaciones suele elevarse los 7.000¬ļ.

 

Los análisis espectroscópicos han probado que parte del carbono permanece aquí combinado con el hidrógeno (CH-metino). Al mismo tiempo, en la atmósfera solar se puede encontrar una combinación del carbono con el nitrógeno (CN-cianógeno). Además, en la atmósfera solar se ha encontrado por primera vez el llamado dicarbono (C2), que es una mezcla o combinación de dos átomos de carbono entre sí.

 

Vemos, pues, que en el curso de la evolución del Sol, el carbono, elemento que nos interesa en este momento, ya ha pasado de una forma de existencia a otra.

 

En la atmósfera de las estrellas más calientes, el carbono se manifiesta en forma de átomos libres y disgregados. En el Sol, ya lo vemos, en parte, haciendo combinaciones químicas, formando moléculas de hidrocarburos, de cianógeno y de dicarbono.

 

Para solucionar el problema que estamos examinando, promete un gran inter√©s el estudio de la atm√≥sfera de los grandes planetas de nuestros sistema solar. Las investigaciones han descubierto que la atm√≥sfera de J√ļpiter est√° formada en gran parte por amon√≠aco y metano. Esto da motivos para suponer que tambi√©n existen otros hidrocarburos. Ahora bien, debido a la baja temperatura que hay en la superficie de J√ļpiter (135¬ļ bajo cero), la masa b√°sica de estos hidrocarburos permanece en estado l√≠quido o s√≥lido. Las mismas combinaciones se manifiestan en la atm√≥sfera de todos los grandes planetas.

 

Es de excepcional importancia el estudio de los meteoritos, esas ‚Äúpiedras celestes‚ÄĚ que de tanto en tanto descienden sobre la Tierra procedentes de los espacios interplanetarios. Estos son los √ļnicos cuerpos extraterrestres que se pueden someter directamente al an√°lisis qu√≠mico y a un estudio mineral√≥gico. Tanto por la √≠ndole de los elementos que los componen como por la raz√≥n en que se basa su estructura, los meteoritos son iguales a los materiales que hay en las partes m√°s profundas de la corteza de la Tierra y en el n√ļcleo central de nuestro planeta. Se entiende f√°cilmente la gran importancia que tiene el estudio de la textura material de los meteoritos para aclarar el problema de las primitivas composiciones que se originaron al formarse la Tierra.

 

Por lo general, se suele situar a los meteoritos en dos grupos principales: meteoritos de hierro (metálicos) y meteoritos de piedra. Los primeros están formados esencialmente por hierro (90%), níquel (8%) y cobalto (0.5%). Los meteoritos de piedra contienen una cantidad bastante menor de hierro (un 25% aproximadamente). En ellos se encuentra en gran cantidad óxido de diversos minerales: magnesio, aluminio, calcio, sodio, manganeso y otros.

 

En todos los meteoritos se halla carbono en diferentes proporciones. Se le encuentra sobre todo en forma natural, como carbón, grafito o diamante en bruto. Pero las formas más usuales para los meteoritos son las composiciones de carbono con diferentes metales, los llamados carburos. Es precisamente en los meteoritos donde se ha encontrado por primera vez la cogenita, mineral muy abundante en ellos y que es un carburo compuesto de hierro, níquel y cobalto.

 

¬†Entre las dem√°s composiciones del carbono que se hallan en los meteoritos, deben se√Īalarse los hidrocarburos. En 1857 se logr√≥ extraer de un meteorito de roca hallado en Hungr√≠a, cerca de Kab√≠, cierta porci√≥n de una sustancia org√°nica similar a la cera f√≥sil u ozoquerita. El ensayo de esta sustancia demostr√≥ que era un hidrocarburo de gran peso molecular. Cuerpos parecidos, con mol√©culas formadas por muchos √°tomos de carbono e hidr√≥geno y a veces de ox√≠geno y azufre, fueron encontrados en otros muchos meteoritos de diferentes clases.

 

En las √©pocas en que se descubri√≥ por vez primera la existencia de hidrocarburos en los meteoritos, imperaba todav√≠a la falsa idea de que las sustancias org√°nicas (y, consecuentemente, tambi√©n los hidrocarburos) √ļnicamente pod√≠an formarse en condiciones naturales con la intervenci√≥n de organismos vivos. De ah√≠ que muchos hombres de ciencia adoptaron entonces la hip√≥tesis de que los hidrocarburos de los meteoritos no se conformaron, originariamente, sino que eran productos de la desintegraci√≥n de organismos que vivieron en otros tiempos en esos cuerpos celestes.

 

Sin embargo, investigaciones muy meticulosas realizadas posteriormente, destruyeron esas hipótesis, y hoy sabemos que los hidrocarburos de los meteoritos, al igual que los de las atmósferas estelares, aparecieron por vía inorgánica, es decir, sin ninguna conexión con la vida.

 

La resultante de esto, sin ning√ļn lugar a dudas, es que las sustancias org√°nicas tambi√©n pueden producirse al margen de los organismos, antes de que se produzca esa forma compleja del movimiento de la materia. Y, en efecto, conocemos sustancias org√°nicas que se han ido formando en numerosos cuerpos celestes en unas condiciones que no cabe ni hablar de la existencia de cualquier g√©nero de vida. Ahora bien, si esto es as√≠ para la mayor√≠a de los cuerpos celestes m√°s dis√≠miles, ¬Ņpor qu√© nuestra Tierra ha de ser en este asunto una excepci√≥n? ¬ŅNo ser√≠a m√°s concordante y acertado suponer que el proceso biol√≥gico de la formaci√≥n de sustancias org√°nicas es s√≥lo diferente al de la √©poca actual de nuestro planeta?; ¬Ņque ese proceso se inici√≥ solamente despu√©s de haberse originado la vida sobre la v√≠a de haberse producido un cambio de sustancias muy perfecto, pero que tambi√©n en la Tierra se sintetizaron las sustancias org√°nicas por v√≠a abiog√©nica, mediante la cual se formaron los hidrocarburos y sus derivados mucho antes de que se formaran los distintos organismos?

 

Bas√°ndose en los datos obtenidos por el estudio del peso espec√≠fico de la Tierra, la fuerza de la gravedad y la expansi√≥n de las ondas producidas por los terremotos, todos los geoqu√≠micos y geof√≠sicos admiten como demostrado que en el centro de la Tierra existe un n√ļcleo met√°lico de 3.470 kil√≥metros de radio, cuyo peso espec√≠fico es aproximadamente 10. Este n√ļcleo est√°¬† revestido por diversas capas denominadas geosferas. Directamente adosada al n√ļcleo se halla una geosfera intermedia llamada capa mineral, de 1.700 kil√≥metros de espesor. Sobre ella est√° situada la capa rocosa, la litosfera, de 1.200 kil√≥metros. Y en la superficie de la¬† Tierra, hallamos la hidrosfera, o capa acuosa constituida por los mares y los oc√©anos; y, por √ļltimo, la capa gaseosa o atm√≥sfera. Todas estas geosferas recubren al n√ļcleo central de la Tierra formando una capa tan gruesa que no es posible llegar directamente a √©l.

 

Sin embargo, actualmente se ha logrado especificar¬† con bastante exactitud la composici√≥n qu√≠mica del n√ļcleo, y se ha comprobado que coincide plenamente con la composici√≥n de los meteoritos de hierro.

 

La proporción mayor corresponde al hierro, con el que se encuentran mezclados otros metales, como el níquel, el cobalto, el cromo, etc. El carbono se encuentra principalmente a manera de carburo de hierro.

 

Una muestra de esos minerales de las profundidades de nuestro planeta la encontramos en las masas de hierro natural que aparecen en las rocas de basalto de las islas de la Groenlandia Occidental. Sobre todo en los basaltos de la isla de Disco, muy cerca del poblado de Ovifaq, se han encontrado grandes cantidades de hierro natural que asoman a la superficie.

 

Por su composici√≥n qu√≠mica, el ‚Äúhierro de Ovifaq‚ÄĚ se asemeja tanto a los meteoritos met√°licos, que por espacio de cierto tiempo se le tuvo como de origen meteor√≠tico, pero actualmente se ha probado su procedencia terrestre. En √©l se encuentra una cantidad bastante importante de carbono como parte integrante de la cogenita.

 

Las investigaciones geol√≥gicas efectuadas en estos √ļltimos tiempos han conseguido establecer que esos descubrimientos de cogenita en la superficie de la Tierra no representan nada excepcional, pues se le puede hallar en otros muchos lugares. Eso prueba que la cogenita se form√≥ en grandes cantidades, sobre todo en tiempos remotos de la vida de nuestro planeta.

 

Ahora bien, al ser arrojados por las erupciones o al brotar sobre la superficie de la  Tierra en estado líquido, los carburos de hierro y de otros metales debieron comenzar su reacción con el agua o el vapor de ésta, tan abundante en la atmósfera primaria de la Tierra. Como ha demostrado el eminente químico ruso D. Mendeléiev, el producto de esa reacción es la formación de hidrocarburos. Mendeléiev se preocupó incluso por encontrar en este proceso una explicación al origen del petróleo.

 

Esta teor√≠a fue rechazada por los ge√≥logos, que demostraron que la base fundamental del petr√≥leo la constituye un producto de la descomposici√≥n org√°nica, pero la propia reacci√≥n que produce la formaci√≥n de hidrocarburos al combinarse los carburos con el agua, la puede realizar, naturalmente, cualquier qu√≠mico. En la actualidad, mediante investigaciones geol√≥gicas directas, se ha logrado demostrar que, tambi√©n ahora, en los lugares donde surgen las cogenitas, cierta cantidad de sustancias org√°nicas se produce por v√≠a inorg√°nica en la superficie de la Tierra, en condiciones naturales, por reacci√≥n producida entre los carburos y el agua. En consecuencia, incluso en nuestros d√≠as, junto al proceso ampliamente extendido de formaci√≥n de sustancias org√°nicas por fotos√≠ntesis, es decir, por v√≠a biol√≥gica, tambi√©n se verifican en la¬† Tierra ciertos procesos de formaci√≥n abiog√©nica de hidrocarburos por las reacciones entre los carburos y el agua. No cabe duda de que tal surgimiento de sustancias org√°nicas al margen de la vida, tuvo efecto en el pasado, cuando la reacci√≥n entre los carburos y el agua ten√≠a lugar en cantidades mucho mayores que en la actualidad. Por tanto, esta reacci√≥n pudo ser, √ļnicamente ella, una fuente que dio principio a la formaci√≥n primaria en masa de sustancias org√°nicas, en una √©poca en que todav√≠a no exist√≠a la vida en nuestros planetas, antes de que se manifestaran en √©l los seres vivientes m√°s sencillos.

 

Las importantes investigaciones de los astrónomos y cosmólogos soviéticos (V. Ambartsumián, G. Shain, V. Fesénkov, O. Shmidt y otros) que nos están descubriendo el proceso de la formación de las estrellas y de los sistemas planetarios, irradian nueva luz acerca del problema de la formación primitiva de las sustancias orgánicas en la Tierra.

 

Investigaciones realizadas con instrumentos muy potentes, fabricados e instalados en el observatorio de Ala Ata, permitieron estudiar pormenorizadamente la estructura y la evoluci√≥n de la materia interestelar, de la que antes se sab√≠a muy poco. En nuestro universo estelar, en la V√≠a L√°ctea, no toda la materia se encuentra reunida en las estrellas y en los planetas. La ciencia moderna nos ha probado que el espacio interestelar no est√° vac√≠o, sino que en √©l hay una sustancia que permanece en estado gaseoso y pulverulento. En muchos casos, esta materia g√°seo-pulverulenta interestelar se agrupa en formaciones relativamente densas, que forman nubes gigantescas. Esas nubes pueden verse a simple vista como manchas oscuras que se presentan sobre el fondo claro de la V√≠a L√°ctea. Ya en la antig√ľedad hab√≠an llamado la atenci√≥n esas manchas, a las cuales se les dio entonces el nombre de ‚Äúsacos de carb√≥n‚ÄĚ. En estos sitio de la¬† V√≠a L√°ctea, las nubes de materia g√°seo-pulverulenta fr√≠a no nos permiten ver la luz de las estrellas situadas detr√°s.

 

Al estudiar la combinación de la materia gáseo-pulverulenta interestelar, se encontró que en ciertos sitios tiene un ordenamiento fibrilar. El  académico V. Fesénkov descubrió que en estos filamentos o fibras de materia gáseo-pulverulenta es donde nacen las estrellas, que más tarde pasan por un determinado desarrollo.

 

Al principio las estrellas j√≥venes tienen un tama√Īo gigantesco. Durante el proceso de su desarrollo se hacen m√°s densas y se manifiestan rodeadas de una nube g√°seo-pulverulenta, que no es otra cosa que el resto de materia que las origin√≥.

 

Pero lo que a nosotros nos interesa por ahora no es la formación de las estrellas,  sino la de los planetas, y en especial, la del nuestro, la  Tierra. Aquí cobra singular interés para nosotros la hipótesis formulada no hace mucho por el académico O. Shmidt.

 

Seg√ļn esta hip√≥tesis, la Tierra y los dem√°s planetas de nuestro sistema solar no se formaron de masas gaseosas separadas del¬† Sol (como se cre√≠a hasta ahora), sino a causa de que el¬† Sol, en su movimiento en torno al centro de nuestra Galaxia, se habr√≠a encontrado con una enorme nube de materia pulverulenta fr√≠a, llev√°ndosela a su √≥rbita. En esta materia se habr√≠an formado paulatinamente varios n√ļcleos o aglomeraciones, alrededor de los cuales se habr√≠an ido condensando las part√≠culas g√°seo-pulverulentas hasta constituir planetas.

 

Claro est√° que aqu√≠ aparece un poco confusa la cuesti√≥n de c√≥mo pudo el Sol atraer a su √≥rbita la materia pulverulenta al atravesar la nube g√°seo-pulverulenta.¬† No obstante, ahora, a la luz de los trabajos realizados acerca de la formaci√≥n de las estrellas, ya podemos preguntarnos: ¬Ņes necesaria la hip√≥tesis del arrastre o atracci√≥n? ¬ŅNo pudo suceder muy bien que el material que sirvi√≥ para que se formaran los planetas de nuestro sistema solar fuera justamente esa materia g√°seo-pulverulenta que rodea a las estrellas j√≥venes que se hallan en formaci√≥n, y que la edad de la Tierra fuese muy cercana a la del¬† Sol? ¬ŅQuiz√° √©ste, lo mismo que las otras estrellas, estuviera circundado al nacer por una gigantesca nube g√°seo-pulverulenta, de donde provino el material que habr√≠a de dar origen a la¬† Tierra y a los dem√°s planetas de nuestro sistema solar?

 

Estas teorías de gran sentido lógico y profundamente asentadas en datos obtenidos por la observación, nos proporcionan valiosísimos elementos de juicio para aclarar el problema del origen primario de los elementos orgánicos existentes al formarse nuestro planeta.

 

El estudio de la composici√≥n qu√≠mica de la materia g√°seo-pulverulenta, llevado a cabo en estos √ļltimos tiempos, denota la presencia en ella de hidr√≥geno, metano (y, tal vez, de hidrocarburos m√°s complejos), amon√≠aco y agua, esta √ļltima en forma de peque√Ī√≠simos cristales de hielo. De esta manera, en el origen mismo de nuestro planeta coincidieron en su composici√≥n a partir de la materia g√°seo-pulverulenta, los hidrocarburos m√°s sencillos; el agua y el amon√≠aco; es decir, todo lo precisamente necesario para formar las sustancias org√°nicas primitivas. Por tanto, cualquiera que haya sido el proceso que dio origen a la Tierra, al irse formando, forzosamente debieron aflorar en su superficie las sustancias org√°nicas.

 

Seg√ļn han constatado las investigaciones de muchos qu√≠micos, y especialmente los trabajos del acad√©mico A. Favorski y de su escuela, los hidrocarburos tienen la particularidad de hidratarse con suma facilidad, es decir, de incorporar a su mol√©cula una mol√©cula de agua. No hay lugar a dudas de que los hidrocarburos que se formaron primitivamente en la superficie de la Tierra tambi√©n se combinaron, en su masa fundamental, con el agua. Mediante esto, en la atm√≥sfera primitiva de la Tierra se originaron nuevas sustancias por medio de la oxidaci√≥n de los hidrocarburos por el ox√≠geno del agua. No cabe duda que de esta manera surgieron diversos alcoholes, aldeh√≠dos, cetonas, √°cidos y otras sustancias org√°nicas muy simples, en cuyas mol√©culas encontramos mezclados esos tres elementos: el carbono, el hidr√≥geno y el ox√≠geno. Este √ļltimo se integra como elemento constituyente de la mol√©cula de agua. Con frecuencia, a estos tres elementos se agrega otro: el nitr√≥geno, que como amon√≠aco lleg√≥ a ser un elemento constitutivo de la Tierra en formaci√≥n.

 

De ahí que como resultado de las reacciones de los hidrocarburos y sus derivados oxigenados más simples con el amoníaco, surgieron cuerpos cuyas moléculas contenían diferentes combinaciones de átomos de carbono, hidrógeno, oxígeno y nitrógeno. De esta manera se formaron las numerosas sales amoniacales, las amidas, las aminas, etc.

 

Por esta razón, en el mismo momento en que se formó en la superficie terrestre la hidrosfera, en las aguas del océano primitivo debieron formarse las diversas sustancias que se derivaron del carbono y a las que con todo fundamento podemos nombrar como sustancias orgánicas primitivas, aun cuando su aparición es muy anterior a la de los primeros seres vivientes.

 

No cabe duda que eran cuerpos más bien simples, de moléculas más o menos diminutas, pero, a pesar de todo, lograban una forma cualitativamente nueva en relación con la existencia de la materia.

 

De suerte que las características de estos sencillos cuerpos orgánicos primitivos y su destino posterior en el proceso de la evolución quedaron determinados por nuevas leyes provenientes de su formación elemental y de la distribución de los átomos en sus moléculas.

 

De este modo, la idea, expuesta por m√≠ hace 30 a√Īos, relativa a que las sustancias org√°nicas se hab√≠an formado en nuestro planeta antes de la aparici√≥n de los organismos, se confirma ahora totalmente gracias a las nuevas teor√≠as cosmog√≥nicas de los astr√≥nomos sovi√©ticos. Cuando se form√≥ la Tierra, en su superficie ‚Äďen su atm√≥sfera h√ļmeda y en las aguas del oc√©ano primitivo- tambi√©n se formaron los hidrocarburos y sus derivados oxigenados y nitrogenados. Y si antes esta etapa del paso de la materia hacia el origen de la vida estaba rodeada de gran misterio, en nuestros d√≠as el origen primitivo de las sustancias org√°nicas m√°s simples no presenta ninguna duda para la gran mayor√≠a de los naturalistas.

 

Con esto completamos la primera etapa, quiz√° la m√°s larga de la evoluci√≥n de la materia, etapa que se√Īala el traslado de los √°tomos dispersos de las ardientes atm√≥sferas estelares a las sustancias org√°nicas m√°s simples, disueltas en la primitiva capa acuosa de la Tierra.

 

La siguiente etapa de suma y trascendental importancia en el sendero hacia la aparición de la vida, es la formación de las sustancias proteínicas.