ALEXANDER OPARIN
ALEXANDER OPARIN

 

 

PRÓLOGO

 

 A finales del siglo XIX se hizo pública una teoría que cambiaría completamente la visión que los hombres tenían de sí mismos. Esa nueva concepción de la naturaleza era tan diferente, que muchos la catalogaron como poco seria e incluso llegaron a tildarla de peligrosa. El Origen de las especies, del naturalista inglés Charles Darwin, fue el primer paso de una serie de textos de carácter científico en torno al tema de la evolución, complementado en 1879 por El Origen del hombre, que se dedicó expresamente a observar el nexo existente entre el ser humano actual y los primates. Si bien se han publicado varios trabajos que profundizan o hacen claridad sobre las obras de Darwin, un trabajo equivalente en el tema de la iniciación de la vida sólo está presente en la obra de Oparin, que se encarga de explicar los pasos anteriores que ilustran la fase primigenia de la cadena evolutiva.

 

 Hasta hace poco, los esfuerzos por responder a la pregunta sobre cómo se originó la vida fueron consideradas especulaciones irresponsables que no correspondían a científicos serios. La situación ha cambiado por completo. De manera general, hoy se acepta que las primeras formas de vida en la Tierra no fueron el resultado de un evento súbito, sino más bien de uno, cuya repetición era parte integral del desarrollo general de la materia. Esa situación hace que el tema del origen de la vida sea objeto de una investigación científica a profundidad.

 

 Antes de dedicarnos puntualmente a la presente obra, es conveniente revisar un poco los presupuestos que subyacen tras la producción científica del autor. Oparin se interesó desde muy niño por las plantas, posiblemente por haber nacido en un área rural cercana al río Volga; esa inclinación se vio estimulada por la lectura de la teoría de la evolución de Darwin, que para ese entonces ya era comentada en los centros de estudios a lo largo y ancho de Rusia. En sus tiempos de estudiante de la cátedra de fisiología vegetal, Oparin no podía aprobar que los primeros organismos hubieran podido elaborar procesos de fotosíntesis; consideraba difícil que un organismo se constituyera sólo a partir de dióxido de carbono, nitrógeno y agua. Tal afirmación estaba en contravía de la teoría de la evolución de Darwin, en la que Oparin se había nutrido desde muy temprano.

 

 Como resultado de sus estudios, Oparin publicó en 1923 El origen de la vida, un texto que se encarga de presentar con lenguaje muy sencillo cómo la evolución de la materia orgánica se inició aun antes de la formación de la Tierra. Después de que el planeta terminó su conformación, y después de que su litosfera, atmósfera e hidrosfera se desarrollaron, la materia, que era muy elemental, se hizo más compleja. Entonces evolucionaron las primeras formas de vida, y tanto su estructura como su metabolismo evolucionaron paulatinamente.

 

 El trabajo, publicado por primera vez en Moscú hacia 1923, no fue conocido de manera más amplia sino hasta cuando John D. Bernal lo incluyó en su The origin of life en 1967.  Desde entonces la incidencia de Oparin ha sido muy diversa: estableció el puente entre lo vivo y lo inerte, redondeó la teoría propuesta por Darwin con respecto a la evolución, puso al mundo científico a pensar sobre las relaciones entre los organismos y el medio que los rodea y abrió la posibilidad de estudiar los fenómenos biológicos en el cosmos.

 

 Oparin se hizo importante por su explicación del origen de la vida como el paso de las proteínas simples a los agregados orgánicos por afinidad funcional.  Aunque algunas de las afirmaciones de Oparin han sido revaluadas, lo que sí es importante destacar es que su producción es campo fértil para el surgimiento de toda clase de preguntas en las disciplinas científicas, haciendo que los dogmas no sean ya los que manejen el curso del conocimiento.  Hoy, al bordear los ochenta años de la aparición de su primer libro, Oparin sigue siendo punto de discusión de legos y expertos.

 

 

www.nodo50.org/ciencia_popular/articulos/Oparin.htm